Invertir en educación es rentable?

1. La educación mejora el nivel de vida de las personas

Los trabajos de investigación científica de los últimos años han demostrado los beneficios de una educación de calidad. La ecuación para demostrarlo es simple: con un mayor nivel de educación, una persona consigue obtener un mayor nivel de renta que si no tuviera esa formación.

Theodore Shultz fue el primer investigador que señaló la educación como una forma de inversión, como contraposición a quienes la consideraban un gasto.

Sus trabajos demostraron, por vez primera, que la educación conduce a las personas a mejorar su nivel de renta y su nivel de bienestar.

Sus estudios le valieron el Premio Nobel de Economía en 1979. Invertir en educación reporta una rentabilidad directa para las personas.

2. La educación mejora el nivel de bienestar de la sociedad

Los beneficios de la educación no se quedan solo en las personas a nivel individual, la sociedad en su conjunto también sale ganando con un mayor nivel de formación.

Si mayor formación va asociado a mayor renta, las personas con mayor formación pagan más impuestos, con lo cual realizan una mayor contribución a la sociedad.

El fracaso escolar y el abandono escolar son un escollo por su impacto en las familias, en el nivel de bienestar y en la cohesión social.

Y el problema tiene, además, un impacto directo en las arcas públicas, pues a menor formación menor salario y menor consumo.

Los datos son muy relevantes especialmente para aquellos países que cuentan con un elevado índice de abandono prematuro de los estudios, como puede ser el caso de España –con un índice del 29% frente al 14% de la UE–. Y más, si tenemos en cuenta que a pesar de las múltiples reformas educativas, la tasa se mantiene prácticamente estable desde hace muchos años.

3. La educación es imprescindible en la “sociedad del aprendizaje”

En el libro “Creating a learning society”1 (“Creando una sociedad del aprendizaje”), su autor Joseph E. Stiglitz se plantea la cuestión ¿qué es lo que genera crecimiento en una sociedad? Y hace su planteamiento: necesitamos crear una “sociedad de aprendizaje” como fórmula para conseguir crecimiento económico, desarrollo y progreso social.

En nuestra sociedad, no podemos permitirnos dejar de aprender, la educación pasa a tener un papel esencial.

El progreso social en el siglo XXI será el resultado de cómo enseñemos a nuestros jóvenes. Somos lo que somos por nuestra educación. Por ello, la educación debe llegar a más gente, debe ser continuada y debe estar en sintonía con lo que necesita la sociedad.

Debemos entender la educación como el corazón del progreso y ello nos obliga a ser exigentes.

La educación debe cambiar y debe incorporar habilidades y competencias que tal vez no habían sido necesarios en otras épocas, pero que ahora son imprescindibles.

El aprendizaje continuo es necesario porque las personas debemos estar preparadas para un futuro que no sabemos cómo será.

4. La educación mejora aspectos no económicos en la vida de las personas

Más allá del impacto de la educación sobre la retribución de las personas y la generación de riqueza, diversos investigadores en el campo de Economía de la Educación han detectado también efectos positivos no monetarios.

Estos, lógicamente, resultan más difíciles de cuantificar, pero se pueden identificar y valorar mediante diversos procedimientos.

Así, encontramos a autores que han demostrado que el nivel de educación afecta aspectos como:

– el grado en que un individuo disfruta de su trabajo: las personas con mayor nivel de formación están más satisfechas con el trabajo que realizan;

– la educación puede conducir a los individuos a tomar mejores decisiones en aspectos relacionados con su salud o estilo de vida;

– y la educación puede convertir a los individuos en más pacientes y más orientados a objetivos.

Por ello, no nos estamos refiriendo solo a beneficios a nivel económico, sino también de beneficios en calidad de vida.

5. Invertir en educación es rentable

Y, por si los anteriores motivos fueran poco importantes, además sabemos que invertir en educación es rentable.

Los trabajos de James Heckman han concluido que la rentabilidad de invertir en educación de primera infancia es superior a otros tipos de inversión.

Si una sociedad invierte en educación en edad temprana, fomenta la escolaridad, reduce la delincuencia, mejora las aptitudes de los niños y les conduce a obtener mejores niveles de renta en su vida profesional futura.

Un mayor nivel de renta repercute en mejorar la vida de la persona y contribuir con un mayor nivel de impuestos a la sociedad y, por tanto, genera un mayor bienestar social.